27 octubre, 2013

Reseña: Alguien voló sobre el nido del cuco, Ken Kesey

Cuando un muy joven Ken Kesey (1935 - 2001) entra a trabajar como celador en una institución mental americana no sólo ve con sus propios ojos lo que allí se lleva a cabo con los enfermos - de lo que hablaré más adelante - sino que también decide ofrecerse como cobaya humana para probar lo que hoy conocemos como LSD. El Gobierno de EE.UU decide crear en los años 50 un programa de voluntarios con la intención de experimentar con esta nueva droga. Pasaría el tiempo y Kesey se convertiría en uno de los iconos del movimiento hippie más importantes. Pero antes, con tan sólo 27 años, decide compartir lo que ha visto. Quedan así su experiencia y opinión escritas para siempre conformando una grandísima novela: One flew over the Cuckoo's nest.

"¡Otro para el nido del cuco!" gritaban los demás celadores cada vez que un nuevo paciente ingresaba en la institución. Así nació el título, incomprensible en un primer momento para el lector pero terriblemente revelador una vez la última página ha sido leída. Desde la perspectiva de Bromden, un indio nativo de EE.UU - del que no contaré nada más - entramos de lleno en un manicomio de los años 50, escenario de las prácticas abusivas por parte del personal hacia los pacientes. Pero la crítica aquí planteada se extiende a un marco más amplio, que no nos excluye a ninguno de nosotros; una crítica a la represión y el firme control del poder político y social sobre un individuo al que se le empuja sin descanso hacia la alienación, o ya que estamos, hacia el "vegetalismo" (Dícese del acto de ser vegetal). Las camisas de fuerza, las lobotomías, los electroshocks, pero también el abuso de poder en las situaciones más cotidianas, el afán de minar al máximo la seguridad y la autoconfianza de los pacientes: estas son las armas que destruyen el alma de las personas y Ken Kesey supo contárnoslo. Lo presentó como algo real, una denuncia de lo que estaba ocurriendo, de cómo los regímenes dictatoriales están siempre a ras de suelo para germinar hasta en las sociedades más pequeñas: un pequeño hospital psiquiátrico del estado de Oregón. 

"Comenzó suavemente y fue adquiriendo cada vez más fuerza, mientras los hombres se iban creciendo y creciendo. Yo los observaba, metido entre ellos, riendo con ellos [...] iban esparciendo sus carcajadas tintineantes en círculos cada vez más amplios sobre las aguas, más y más amplios, hasta que la risa rompió contra las playas de toda la costa, contra las playas de todas las costas, oleada, tras oleada, tras oleada."

Ken Kesey
Como podéis ver, era imposible que la novela no tuviese cantidades ingentes de carga política - y esta reseña también -. Puede verse en la prosa del autor, en la mezcla de fantasía y realidad que recuerda a veces a la visión de un poeta colocado, en la niebla de la sala, el tic tac de las paredes, la hinchazón de las caretas; metáforas de la indefensión, el miedo y la anulación de la persona como tal. Y, de repente, esta atmósfera de locura adormilada se ve interrumpida por un nuevo personaje. Randle McMurphy, criminal e ingenuamente héroe, de pelo y mirada embravecidos, representa la rebelión y la protesta. Frente a él se sitúa la enfermera jefe ("La Gran enfermera"), representación de la crueldad y la condición humana. Una lucha de poder en la que se atisba un trágico y amargo final que resulta ser agridulce. El mensaje quedará en el aire: No te dejes pisotear ni anular, rebélate, vuela. Vuela sobre el nido del cuco.


"Luego --mientras seguía parloteando--, las luces traseras de un coche que pasaba iluminaron su rostro y en el parabrisas se reflejó una expresión que sólo había podido ver la luz porque él suponía que ninguno de los que íbamos en el coche la vería en la oscuridad, una expresión terriblemente fatigada y tensa y enloquecida, como si apenas le quedara tiempo para algo que tenía que hacer... Mientras su reposada, amable voz iba haciendo don de su vida para que pudiéramos hacerla nuestra, un jovial pasado lleno de diversiones infantiles, compañeros de juerga, adorables mujeres y peleas de bar por mezquinos honores... para que todos pudiéramos soñarlo como nuestro."

6 comentarios:

  1. Es uno de mis clásicos pendientes. La película es una obra maestra, y el libro tiene el aspecto de no desmerecer en absoluto.
    Muy buena reseña.
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. @Ladyovejita: En realidad, la película es muy buena, sí, pero en cuanto lees el libro te das cuenta de todo lo que ha perdido el film. Es decir, hablo de perder parte del fundamento de la historia (por ejemplo: el punto de vista de Bromden, que pierde casi todo su protagonismo en la peli). De hecho, Ken Kesey odiaba la película con todo el alma :)
      Gracias por comentar :D

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  2. No conocia el libro pero me ha parecido un tema muy interesante, me lo apunto!
    Muchas gracias por la reseña :)

    Un beso.

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  3. Yo conozco el título más que nada por la película, que aún no he visto pero que pienso ver. Me parece muy interesante la trama, y los libros de crítica social me encantan. El libro lo leeré, pero no se cuando. Por el momento veré la película, que seguro que si me gusta me entrarán más ganas de leer el libro, y como dices que s mucho mejor, seguro que quedaré más que satisfecha.

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  4. Madre mia yo tengo que leerlo!!!! y luego veo la peli

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  5. Hola!
    A mi el libro me ha encantado. La verdad es que no puedo creer las crueldades que se practicaban en los manicomios de los 50. Me ha gustado mucho que el libro se haya escrito desde la perspectiva del jefe Bromden (aunque si tú no revelas nada yo tampoco lo haré) y la manera en que está escrito es preciosa.
    McMurphy es como tu dices un grito de guerra que les dice revelarse a los pacientes que no están locos, sino que tan solo son diferentes, con sus manías y rarezas que todos tenemos.

    Una reseña magnífica, me quedo por aquí

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